La Navy Chair 1006Navy Chair 1006La Navy Chair 1006

Sono poche le sedie che lanciate da una finestra al sesto piano non si rompono e nel 1940 c’era solo una capace di resistere a quell’impatto.

La Navy Chair 1006 

Questa sedia ha una storia particolare che l’ha trasformata in un’icona americana.

C’era una volta la seconda guerra mondiale e le forze navali americane erano impegnate in un conflitto epico dove perfino Superman lottava contro le dittature dell’Asse.

La Marina americana era impegnata in un imponente organizzazione logistica per sostenere i conflitti mondiali e questo generava una serie di grandi e piccoli problemi da risolvere, uno tra tanti era riuscire a far sedere i suoi soldati su sedie solide capaci di resistere ad un attacco in mare aperto.

Quando una forza militare offre un contratto per l’acquisto di materiale impone delle specifiche tecniche davvero originali per noi che viviamo in tempo di pace. La Navy specificò nel contratto di fornitura di sedie che queste dovevano resistere ai colpi di siluro di un cacciatorpediniere, essere leggerissime e in grado di resistere all’acqua salata e altri agenti chimici.

Ovviamente nel 1940 non esisteva nulla del genere.

Succede che in Pennsylvania uno sconosciuto signore Wilton Carlyle Dinges raccoglie la sfida e inizia a pensare a come ottenere tutte quelle caratteristiche in una semplice sedia.

Non aveva mai progettato una sedia prima d’ora così ne comprò una al mercato della città e iniziò a studiarla, la scompose e ricompose più volte, la disegnò e la modificò comprendendo molto presto la complessità di un oggetto usato quotidianamente da tutta l’umanità.

Decise d’usare l’alluminio in quanto è un materiale leggerissimo, questa scelta determinò la forma della sedia.

L’alluminio venne reso 7 volte più resistente dell’acciaio tramite un processo chimico ed elettrico.

La sedia era pronta e la portò davanti alla commissione della Marina Americana, erano al sesto piano e il generale chiese a Wilton di fornire i dati tecnici del prodotto.

Wilton aprì la finestra, prese la sedia e la gettò furoi, lentamente scese i sei piani di scale, recuperò la sedia e la mostrò al generale e al resto della commissione militare.

Inutile dire che vinse il contratto di produzione per la Marina americana.

La Navy Chair 1006 è ancora prodotta nello stesso modo di allora e ha una garanzia di 150 anni.

There are very few chairs that won’t break after been jumped out a window on the sixth floor, now a days. In 1940 there was only one able to withstand that impact.

Navy Chair 1006 was that one

This chair has a unique history that turned it into an American icon.

Once upon a time there was the Second World War and American naval forces were engaged in an epic conflict where even Superman fought against the Axis.

The U.S. Navy was pledged to support the world wars and that generated a number of problems to deal with. One of many was to be able to provide its soldiers with solid chairs, capable of withstanding an attack on the high seas.

When a military force needs to purchase some equipment, imposes very original specifications for us who live in times of peace. In the contract for the provision of chairs theU.S. Navy specified that the chair had to withstand the blows of a torpedo destroyer, be lightweight and able to withstand salt water and other chemicals.

Of course in 1940 there was nothing like that.

But it happened that in Pennsylvania an unknown lord called Carlyle Wilton Dinges, took up the challenge and started thinking about how to get all those features on a simple chair.

He had never designed a chair before have so he bought one at the town market and began to study it. He disassembled and reassembled it several times, designed and modified it and he realized very soon the complexity of an object used daily by all humanity.

He decided to use aluminum as it is a lightweight material and his choice determined the shape of the chair.

The aluminum was made ​​seven times stronger than steel through a chemical process and electrical.

When the chair was ready, he took it before the U.S. Navy. committee Their offices were on a sixth floor and the general asked Wiltonto provide the technical data of the product.

Wilton opened the window, took the chair and threw it out,then he slowly walked down the six flights of stairs, picked up the chair and showed it to the general and the rest of the military commission.

Needless to say, he won the production contract for the U.S. Navy.

The Navy Chair 1006 is still produced in the same way then and is guaranteed for 150 years.

Al día de hoy hay pocas sillas que después de ser lanzadas por una ventana desde el sexto piso no se romperían, y en 1940 sólo había una que podía resistir a ese impacto.

Esta silla tiene una historia única que la ha convertido en un icono estadounidense.

Érase una vez la Segunda Guerra Mundial y las fuerzas navales americanas estaban involucrados en un conflicto épico donde incluso Superman luchó contra las dictaduras del Eje.

La Marina de EE.UU. apoyaba las guerras mundiales y esto generó una serie de problemas, algunos grandes y otros pequeños, que había que resolver. Uno de ellos era poder hacer sentar a sus soldados en sillas sólidas capaces de resistir a un ataque en mar abierto.

Cuando una fuerza militar escribe un contrato para la compra de materiales impone especificaciones muy originales para nosotros que vivimos en tiempos de paz. La Armada estadounidense especificó en el contrato para el suministro de sillas, que éstas tenían que sobrevivir a los golpes de un torpedo, ser livianas y capaces de soportar el agua salada y otros productos químicos.

Por supuesto, en 1940 no había nada de eso.

Sucedió que en Pensilvania un extraño señor llamado Carlyle Wilton Dinges aceptó el reto y comenzó a pensar en cómo conseguir que una simple silla tuviese todas esas características.

Él nunca había diseñado una silla antes, por lo que tuvo que ir a comprar una al mercado de la ciudad y para comenzar a estudiarla. La desmontó y la volvió a montar varias veces, la diseñó y la modificó y se dió cuenta muy pronto de lo complejo que puede ser un objeto utilizado tan a diario por toda la humanidad .

Decidió utilizar aluminio, ya que es un material liviano, y esta lección determinó la forma de la silla.

Consiguió que el aluminio fuera siete veces más fuerte que el acero usando un proceso químico y eléctrico.

Cuando la silla estavo lista, la llevó ante el comité de la Marina de los EE.UU.. Las oficinas del mismo estaban en el sexto piso y el general le pidió a Wilton que proporcionara los datos técnicos del producto.

Wilton abrió la ventana, cogió la silla y la arrojó fuera, lentamente bajó las seis rampas de escaleras, recogió la silla y se la mostró a lo general y el resto de la comisión militar.

No hace falta que decir que obtuvo el contrato de producción de las sillas para la Marina de los EE.UU..

Desde entonces la Navy Chair 1006 todavía se produce de la misma manera y tiene una garantía de 150 años.

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